La presidenta Claudia Sheinbaum se ajusta los guantes. No hay rastro de la formalidad del blazer o los vestidos bordados que le regalan artesanas nacionales. Los zapatos formales también ceden su lugar a los que brindan apoyo firme sobre la lona del gimnasio. A diferencia del rostro grave de las boxeadoras profesionales, ella sonríe. Ensaya ganchos, uppers, hace sombra con ayuda de dos jóvenes que la asisten, las peleadoras regiomontanas Cecy y Magali Rodríguez. Todo es estilo y destreza, más afín a la danza o la música que a la parafernalia de un combate.
Quienes la observan no sólo graban en video el anuncio de un programa social dirigido a los jóvenes, denominado Boxeando por la paz, el cual beneficiará a 5 mil boxeadores profesionales con un salario mensual de 9 mil 500 pesos; sino que además encuentran el placer de revivir la mística de los viejos combates. Sus compañeras de entrenamiento en esta ocasión son las campeonas Diana Bonita Fernández y Jackie Nava, pionera del boxeo femenil.
Apoyo económico
“Son 5 mil boxeadoras y boxeadores profesionales que van a recibir un salario mínimo, más de 9 mil 500 pesos mensuales. Aparte ellos van a poder seguir desarrollando sus actividades para competir y le van a dar clases, por lo menos una hora diaria, a 100 mil niñas, niños y adolescentes de todo el país”, anuncia la mandataria a los pies del cuadrilátero, acompañada también por el entrenador y mánager Sergio Reyna, quien le calza los guantes. Su identificación con el boxeo la establece no el espectáculo, sino en la convicción de mejorar el futuro de los jóvenes a través del deporte, que cada día lleguen más niños y adolescentes al gimnasio.
Sheinbaum practica combinaciones, pone en marcha una habilidad que fluye en secuencias de uno-dos, uno-dos, hasta que la sesión llega a su fin. No hace falta el ceremonial toque de campana, porque su impulso no lo dicta un cronómetro. Si a los boxeadores aficionados se les entrena para ganar sus combates por puntos, ella prefiere una estrategia más audaz: buscar el nocaut desde las causas y necesidades de los jóvenes, quienes, aunque aún no suben al ring, son el centro de su combate.