En el Telebachillerato Comunitario Número 17, ubicado en la ranchería Arroyo Hondo primera sección, hasta el bote de basura es nuevo. “Ya quiero que sea lunes para empezar las clases”, adelantó en medio de uno de los tres salones modernos la directora del plantel, María Elena Hernández Alejandro.
“Tenemos 10 años en la comunidad, luchando por que se mejorara nuestra institución. Empezamos prestando aulas, luego nos cambiamos aquí, en unos cajones de madera, con mobiliario donado, muchas instituciones nos apoyaron”, explicó la maestra muy emocionada.
En la moderna explanada del centro escolar, sobre los más de 500 metros cuadrados de concreto fresco, los 71 alumnos esperaban alegres el arribo de las autoridades para la inauguración de la obra que tuvo una inversión de más de cuatro millones de pesos.
“Nunca dejamos de persistir, de buscar que la documentación estuviera en regla, de buscar la gestión para que nos construyeran y ahora estamos aquí, ¡muy felices! No nos imaginábamos la magnitud de la obra, ¡teníamos tres ventiladores! El Gobernador está muy comprometido con la educación”, sostuvo la profesora Hernández Alejandro.
Por donde quiera que se mirara, resaltaba la novedad de la construcción: Los 260 metros de loseta armada en la azotea, que tiene un espesor de 10 centímetros; las 23 luminarias interiores y cinco de tipo poste, y la pintura que cubre unos 795 metros cuadrados.
Orgullosa de la transformación, la directora revela un dato que muestra el impacto del renovado centro escolar. “Tenemos 71 estudiantes y ya tengo inscritos 15 para el próximo ciclo escolar”, presumió.
Detrás de una de las docenas de pancartas donde se podía leer, en perfecta caligrafía: “Cada aula construida es una oportunidad más para nuestro futuro. ¡Gracias por apoyarnos!”, se halla la alumna Aura, quien cursa el último año en el telebachillerato. Le quedan seis meses para concluir sus estudios, pero todavía podrá disfrutar de la transformación.
“Me siento muy feliz. Por fin, después de 10 años, ya no hay necesidad de pasar lluvia ni mosquitos. Tendré un salón muy cómodo”, dijo aliviada.
Durante una década, nueve generaciones de alumnos recibieron clases en tres cajones, levantados con madera de coco, que solo contaban con tres ventiladores que chirriaban más que el aire que aventaban. Ahora, en el techo cuelgan 13 abanicos eléctricos y siete equipos de aire acondicionado.
La madre de Aura, doña Elizabeth de la Cruz, vino a atestiguar el momento histórico junto a su hija. También su primogénito estudió en esta escuela, pero el cambio es increíble que podría decirse que aquel estuvo cursando sus tres años en otra escuela.
“Los salones eran de maderita, estaban expuestas las niñas por donde quiera, cuando llovía se mojaban, y cuando hacía mucho calor, se asoleaban por donde fuera”, recordó la madre.
Pocos padres en esa comunidad también conocida como El Guácimo pudieron darse el lujo de enviar a sus hijos hasta Villa Aldama para que estudiaran en condiciones mejores; la gran mayoría de los Arroyo primera, segunda y tercera, las Arenas, los Zárate e incluso los de Carlos Greene y El Manguito, no les quedó de otra que estudiar dentro de cuatro paredes “chimuelas”, sin herrería ni cristales, por donde bufaba el aire polvoso o las flechas de agua, según marcaran los caprichos del tiempo.
Pero doña Elizabeth al ver el nuevo telebachillerato se terminó consolando. “Mi hija ya va a salir, no lo va a disfrutar mucho, pero le digo a mis nietas, que ya no tiene necesidad de irse más lejos porque está bonita ahora la escuela. Le doy las gracias al Gobernador porque se tomó el tiempo de estar aquí”, expresó alegre.
A la hora en que arribó el mandatario al centro escolar, el sol estaba en su cenit, los campesinos con sus camisolas seguían doblados en sus campos y los palanqueros limpiaban todavía los macuilís y tintos en los patios de sus para irlas a vender al mercado.
Javier May Rodríguez venía de la comunidad de Antonio Zárate, donde había atendido desde temprano las peticiones de cientos de ciudadanos del municipio de Comalcalco, en audiencias públicas. Una de estas solicitudes provocó un intercambio algo más álgido, porque los ciudadanos de Sargento López urgieron la rehabilitación de un tramo de carretera municipal, esto porque el Gobierno del Pueblo ya había atendido el pavimento de 4.7 kilómetros, del tramo Reyes Hernández a Sargento López primera.
“Ya les dije que tengan paciencia, estamos haciendo obras en todo el estado”, se oyó la voz del mandatario, que de por si no es apagada, sino fuerte. En los pabellones cercanos al suyo hubo un momento de silencio, pero luego se restableció el bullicio, son los nuevos tiempos de transformación, inimaginables en el pasado, que se viven en Tabasco, donde la autoridad por fin da la cara a los ciudadanos y, lo más importante, les cumple.
Los pobladores de Sargento López fueron atendidos al final por el secretario de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas, Daniel Arturo Casasús, quien informó que se reunirá con las autoridades municipales para analizar su petición. “Es cuestión de presupuesto, pero se está avanzando”, recalcó el servidor público.
En el telebachillerato, después de saludar a los profesores y padres de familia, el mandatario se colocó frente al grupo animado y compacto de estudiantes, acompañado por la directora María Elena, el presidente municipal de la “Perla de la Chontalpa”, Ovidio Peralta Suárez, y el secretario Casasús Ruz. Vestido de una camisola cacqui y pantalón de mezclilla, se dirigió a sus oyentes atentos.
“Estamos invirtiendo en tierra fértil, esto que hicimos aquí, lo estamos haciendo en todo el estado. En los EMSAD’s, como el de Jonuta y el de Macuspana, también construimos, ya que estaban en malas condiciones. Siempre van a contar con nosotros. Sé que falta mucho. Y a veces nos desesperamos porque quisiéramos hacerlo todo de manera inmediata. Pero ustedes han tenido la paciencia, 10 años esperando, y ha sido una espera que ya termina, ahora falta que ustedes lo aprovechen. Tenemos mucha fe en ustedes”, dijo con la tranquilidad de haber cumplido su palabra.
Todos a una voz, entre las que estaban sonrientes la directora, doña Elizabeth y su hija, contaron: “Uno, dos, tres”, la señal para cortar el listón guinda, que cayó en el piso fresco, donde alguna vez hubo zapatos lodosos o polvosos, según el clima, que ahora le hará a la comunidad escolar “lo que el viento a Juárez”.