4t-noticias.com

Guerrero siempre nos habla – Esthela Damián Peralta

En estos días caminar por la arena, frente al mar de nuestra bella tierra, me dejó varias reflexiones que quiero compartirles. Quienes hemos pasado tiempo observándolo, sabemos que el mar tiene una manera particular de devolver a la orilla aquello que no le pertenece: plástico, unicel, ramas, residuos y todo lo que, de una u otra manera, termina alterando su equilibrio.

Pensé entonces en la enorme sabiduría de la naturaleza y en que nuestro propio cuerpo funciona de manera parecida. Cuando algo no está bien, lo manifiesta: una infección produce fiebre; una gripe, escurrimiento nasal; un problema estomacal provoca distintas reacciones. El cuerpo avisa, responde, se defiende y busca recuperar su equilibrio. La naturaleza, incluida la humana, tiene mecanismos para advertirnos cuando algo necesita atención, cuando hemos acumulado demasiado o cuando es momento de expulsar aquello que nos hace daño.

Mientras caminaba pensé en Guerrero y me pregunté qué necesita nuestra tierra para recuperar muchos de sus equilibrios. Llegué a una conclusión sencilla: Guerrero también necesita desintoxicarse de aquello que durante años hemos normalizado. Y cuando digo Guerrero no hablo únicamente de sus instituciones o de sus gobiernos; hablo de todas y todos nosotros, porque una sociedad también se construye con lo que hace, pero igualmente con aquello que deja de hacer.

Pensemos, por ejemplo, en la construcción de paz, se construye desde la célula más pequeña de nuestra vida cotidiana, cuando conocemos a nuestros vecinos, cuando recuperamos un espacio público, cuando organizamos actividades para nuestros jóvenes y cuando dejamos de mirar como ajeno aquello que ocurre a unos metros de nuestra casa. Muchas veces no hacen falta grandes presupuestos ni estructuras complicadas; hacen falta voluntad, organización y alguien que se atreva a dar el primer paso.

Hace unos quince días, en Acapulco, mientras caminaba por las colonias y tocaba puertas en el Módulo Social FOVISSSTE, una niña de aproximadamente siete años se acercó a mí y, con esa franqueza que tienen las niñas y los niños, me preguntó: “Oiga, ¿usted nos puede ayudar a limpiar este parque? Ya no podemos jugar desde hace mucho”. Observé el lugar y vi maleza, basura y áreas que necesitaban mantenimiento, pero no estábamos frente a un problema imposible de resolver. No se necesitaba una gran obra ni una cantidad extraordinaria de recursos. Me acompañaban algunos vecinos y liderazgos de la colonia, así que volteé con ellos y les pregunté si podían ayudarme a asumir ese compromiso. Me dijeron que sí y, como se había acordado, el parque se recuperó.

Entonces me pregunté cuántas cosas podríamos transformar en Guerrero si recuperáramos esa lógica. No estoy hablando de sustituir las obligaciones de ninguna autoridad ni de normalizar que la ciudadanía tenga que resolver aquello que corresponde al gobierno. Hablo de reconocer también nuestro poder como comunidad. Hay problemas que requieren políticas públicas, presupuesto, infraestructura e instituciones fuertes, pero existen otros frente a los cuales diez o quince vecinos organizados pueden transformar completamente la realidad de una calle, un parque o una cancha.

Para lograrlo tampoco necesitamos inventar estructuras complicadas. Hace falta una persona con credibilidad, honesta y comprometida, que se atreva a convocar; después, reunir a quienes quieran participar y llegar con una propuesta concreta. Lo importante es que no se quede en buenas intenciones, debe haber un objetivo, una fecha cercana para cumplirlo, responsables para cada tarea y un calendario sencillo que permita pasar rápidamente de las palabras a la acción.

El territorio nos va mostrando dónde hace falta comunidad, pero muchas veces nos acostumbramos tanto a observar el deterioro que dejamos de verlo. La construcción de paz también pasa por ahí, porque se construye cuando aumenta la comunidad, cuando recuperamos un parque para que las niñas y los niños vuelvan a ocuparlo, cuando un joven encuentra en el deporte o en la cultura un espacio de pertenencia, cuando los vecinos vuelven a conocerse y cuando una persona adulta mayor sabe que no está sola.

Guerrero nos necesita y no deberíamos esperar a que acumule tanto que termine devolviéndonos, -como el mar-, las consecuencias de nuestra apatía, nuestro individualismo o nuestra falta de sentido comunitario. La solidaridad no siempre requiere dinero, muchas veces requiere tiempo, disposición y la capacidad de mirar al otro. Nuestra tierra nos manda señales todos los días y la pregunta es si estamos dispuestos a escucharlas antes de que los problemas se hagan demasiado grandes.

Creo profundamente que Guerrero necesita instituciones comprometidas y gobiernos que cumplan con sus responsabilidades, pero también necesita una ciudadanía que recupere la capacidad de organizarse, participar y cuidar lo que es de todos. Podemos comenzar mirando alrededor y preguntándonos qué necesita nuestra calle, nuestra colonia y nuestros vecinos; distinguir aquello que exige la intervención de una autoridad de aquello que nosotros mismos podemos empezar a cambiar, y atrevernos a convocar a otros para hacerlo juntos.

Quizá una parte importante de la transformación que buscamos empiece justamente ahí, cuando dejemos de preguntarnos solamente qué pueden hacer por nosotros y volvamos a preguntarnos qué podemos hacer juntas y juntos.

Nos leemos el siguiente martes.

@EsthelaDamian

Scroll al inicio