Existen diferentes movilizaciones de jóvenes en tres continentes: en Europa se concentran en Francia y España; en Asia, en la India; y en América, en Argentina. En todos los casos, sus reclamos son legítimos porque están reconocidos dentro de sus derechos humanos: el derecho a estudiar, a contar con condiciones adecuadas dentro de sus universidades y a tener acceso a la educación, lo que también significa ampliar la matrícula. Si nos referimos a México, tenemos el movimiento de 1968, en el cual las y los jóvenes también se pusieron al frente de diversas demandas, y que terminó en un hecho sangriento del que, hasta la fecha, se sigue exigiendo el esclarecimiento de la verdad. Muchos fueron encarcelados y otros perseguidos, en un acto de Estado que utilizó a las Fuerzas Armadas para tratar a los jóvenes como si estuviéramos en un Estado de Guerra. En Guerrero hemos tenido episodios muy lamentables, en que las y los jóvenes dieron su vida por lograr la autonomía de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Guerrero. Eso ocurrió en los años sesenta, cuando estaba al frente del gobierno Raúl Caballero Aburto, quien por esa razón fue destituido.
En todos los casos antes señalados, hay que decir que se contó con un amplio apoyo social, lo que evidentemente hizo que no fueran movimientos aislados. Al contrario, sus demandas fueron arropadas por el pueblo, que, a pesar del miedo a salir a las calles y protestar, llevaba comida, participaba en las manifestaciones y acompañaba incluso las huelgas, en las que muchos se quedaban a pernoctar. Ahí, evidentemente, estamos frente a problemas sociales serios, porque un gobierno debe escuchar el clamor popular, debe saber que hay mucho de verdad en lo que la gente reclama y debe poner atención a las y los jóvenes, porque están exigiendo ser escuchados frente a la sinrazón y a una actitud de indiferencia del Estado. Las juventudes son contestatarias por naturaleza. Ya lo dijo el gran Salvador Allende: «Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica». No se trata únicamente de ir contra el statu quo, sino de usar nuestra conciencia social para impulsar los cambios que necesitan nuestros pueblos.
Hemos observado en los diferentes medios de comunicación acontecimientos que se vuelven de interés internacional. Primero, porque ocurren en países donde gobierna la derecha; segundo, porque en nuestro país tenemos un estado como Jalisco, gobernado por Pablo Lemus, de Movimiento Ciudadano, identificado actualmente con la derecha. Si bien no se trata de una protesta encabezada exclusivamente por jóvenes, sí es una movilización legítima por el acceso al agua, cuya calidad y potabilidad han sido cuestionadas. El fin de semana, personas señaladas como infiltradas provocaron incendios y daños en edificios públicos, en el contexto de una protesta ciudadana.
Hablemos de Argentina, que enfrenta un conflicto que comenzó en 2023 y continúa hasta la fecha. El gobierno de Javier Milei redujo en aproximadamente un 24 por ciento el presupuesto de las universidades públicas. El Congreso aprobó una ley para recuperar el financiamiento universitario, pero el presidente la vetó, argumentando que no había suficiencia presupuestal. El Congreso rechazó el veto y el Ejecutivo tuvo que promulgar la ley, pero suspendió su aplicación. Posteriormente, la justicia ordenó cumplir las disposiciones relacionadas con salarios y becas, mientras el gobierno apeló las resoluciones judiciales. Sobre esto último, un juzgado declaró inconstitucional el decreto que suspendía la aplicación de la ley, por lo que el gobierno debe cumplir con las obligaciones de financiamiento establecidas. La negativa de Milei a aplicarla ha generado marchas multitudinarias en varias ciudades de ese país. Por su parte, el presidente continúa en una actitud de rechazo a cumplir lo mandatado por el Congreso y el Poder Judicial. ¿Qué exigen los jóvenes? Nada más y nada menos que su derecho a la educación.
En Francia, las protestas comenzaron con jóvenes de secundaria, quienes pedían mejores condiciones en sus espacios educativos. Reclaman la saturación de las aulas y la poca inversión del Estado en educación. A estas demandas se sumaron sindicatos y trabajadores de las universidades, además del descontento por la precariedad que enfrentan los jóvenes para obtener empleo, vivienda y autonomía. El sábado también se llevó a cabo una marcha multitudinaria que terminó con saqueos, incendios y enfrentamientos violentos entre manifestantes y la policía francesa. Otro Estado gobernado por la derecha.
Por último, en la India surgió el llamado movimiento partido de las cucarachas, a partir de una declaración del presidente del Tribunal Supremo de ese país, quien comparó a jóvenes desempleados con cucarachas. Esto provocó una movilización surgida desde las redes sociales, donde un joven preguntó: «¿Qué pasaría si todas las cucarachas se organizaran?». Ahora, el movimiento afirma tener un millón de afiliados. ¿Qué puso de manifiesto esta desafortunada declaración? El desempleo, las dificultades de inserción laboral entre los jóvenes, la desconfianza hacia las élites políticas y judiciales, la percepción de corrupción e impunidad institucional y la insatisfacción con la representación política tradicional. ¿Qué han logrado? Entre sus resultados se señala la renuncia del ministro de Educación. Su causa ahora se dirige contra el jefe de la Comisión Electoral. En este país gobierna el primer ministro Narendi Modi, identificado con la derecha nacionalista.
De pronto, queremos invisibilizar lo que no es posible ocultar: los jóvenes son, están, existen, reclaman, viven y buscan lo que todos nosotros hemos deseado cuando tuvimos esa edad: educación, trabajo y perspectivas de presente y de futuro inmediato. Quieren viajar, explorar sus habilidades y reclamar, en este nuevo mundo de realidades virtuales, aquello que les ha sido negado en esta época.
Nadie con una mediana inteligencia debe desdeñar todo lo que ocurre en el mundo con las juventudes. Ellas y ellos, nuestros hijos y nietos, merecen una escucha atenta para que el Estado les brinde las condiciones que les permitan desarrollarse. No basta con pensar que estar inscritos en una institución educativa es suficiente. No, porque lo que sigue es un trabajo digno que no los expulse de su tierra natal, sino que les permita quedarse, crecer y aportar al Guerrero del Futuro.
Nos leemos el siguiente martes.
@EsthelaDamian


