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Llegar abre camino, gobernar bien lo transforma

OAXACA, Oax. 5 de septiembre de 2026.- Una mujer gobierna México. El hecho es histórico, pero también forma parte de un cambio más amplio en la vida pública del país. Hoy 13 mujeres encabezan entidades federativas, 41 por ciento del total, una presencia que hace pocos años parecía imposible. La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia representa, por ello, mucho más que un cambio de género en el Poder Ejecutivo: demuestra que una mujer puede asumir la responsabilidad política más alta del país y ser evaluada por sus decisiones, su capacidad y sus resultados.

De acuerdo con ONU Mujeres, al iniciar 2026 solamente 28 países tenían a una mujer como Jefa de Estado, y al ritmo actual todavía faltarían alrededor de 130 años para alcanzar la igualdad en los puestos políticos de mayor poder. México tiene una doble personalidad electoral y partidista, ya que ha avanzado en congresos y gubernaturas, sin embargo, las mujeres encabezan solo el 30 por ciento de los gobiernos municipales, que son la primera línea de contacto social.

Oaxaca muestra con claridad esa deuda pendiente. Aunque cada vez más mujeres llegan a las presidencias municipales, no necesariamente se nos confían los municipios más grandes y todavía existen comunidades donde es impensable que gobierne una mujer. El mayor ejemplo de rezago, por tratarse de la capital, es Oaxaca de Juárez que nunca ha elegido mediante voto popular a una presidenta municipal; las 4 mujeres que han encabezado el Ayuntamiento lo han hecho de manera interina al mandato de un hombre. En ese contexto, los partidos tienen una enorme responsabilidad, porque es ahí donde se definen las candidaturas y los perfiles de la contienda. Por ejemplo, en 2024 de seis candidaturas al gobierno municipal, solo una correspondió a una mujer. Y, hasta ahora, el partido de la primera mujer presidenta, Morena, siempre ha impulsado perfiles masculinos.

Cuando de gobernar se trata, existe una contradicción difícil de ignorar. A las mujeres se nos confían diariamente responsabilidades esenciales para el funcionamiento de las familias, pero todavía se cuestiona nuestra capacidad cuando se aspira a administrar un municipio, un estado o un país. Según el INEGI, las mujeres destinamos en promedio 40 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado, frente a 18 horas de los hombres. Partiendo de esa realidad , participamos sin tener un piso parejo, pero además , si se confía en nosotras para sostener buena parte de la vida cotidiana, ¿por qué debería resultar excepcional confiarnos un gobierno? La respuesta, sin embargo, tampoco consiste simplemente en entregar cargos por razón de género. La paridad abre oportunidades, pero la capacidad y los resultados son indispensables. México necesita mujeres preparadas, honestas, con experiencia y conocimiento del territorio que buscan gobernar. Conocer un municipio no significa únicamente recorrerlo; implica comprender sus problemas, escuchar a quienes los viven y tener la capacidad de transformar esas necesidades en soluciones. La Presidencia de Claudia Sheinbaum ha roto el techo más alto de la política mexicana y las gobernadoras que hoy encabezan distintas entidades demuestran que otros espacios también comienzan a abrirse. Cada mujer que gobierna con responsabilidad contribuye a cambiar la percepción social sobre el liderazgo femenino y genera confianza para quienes vienen detrás. Pero ocupar el espacio es apenas una parte del desafío, ya que sostener esa confianza exige resultados. Es increíble que a estas alturas, las mujeres tengamos que demostrar el doble para recibir el mismo reconocimiento. El verdadero avance llegará cuando mujeres y hombres seamos medidos con los mismos parámetros: capacidad, honestidad, preparación y resultados. Porque llegar abre camino, pero gobernar bien lo transforma.

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