La derecha siempre repite el mismo guión: subir impuestos y cargarle la mano al pueblo. Así lo hicieron Calderón y Peña Nieto: el primero aumentó el IVA y el segundo el ISR, sin que eso resolviera nada. Al contrario: dejaron un país más endeudado y con menos recursos.
Hoy la historia es distinta. La Presidenta Claudia Sheinbaum dejó en claro que no habrá alzas de impuestos, porque su gobierno sabe dónde está el verdadero hoyo de la recaudación: en los grandes evasores, en los factureros que durante años operaron bajo la protección del viejo régimen de corrupción y privilegios.
“Todo es debatible, pero no vamos a subir impuestos. Lo que vamos a hacer es cerrar más espacios de evasión fiscal. Eso nos dará más ingresos que cualquier aumento”, aseguró la Mandataria.
Y los números le dan la razón. Según datos oficiales de Hacienda, los ingresos del gobierno federal suman ya 4.1 billones de pesos, una cifra histórica que permite financiar programas sociales, inversión pública y estabilidad económica sin exprimir a la clase trabajadora.
La clave: se acabaron las condonaciones a los grandes empresarios, esos pactos corruptos del PRI y el PAN que regalaban el dinero de todos.
El resultado: la recaudación creció 8.4%, algo que ni Calderón ni Peña pudieron lograr.
Con firmeza, Sheinbaum remató:
“Se acabó el régimen de corrupción y privilegios. Vamos a seguir trabajando para que no haya ni un rincón donde se esconda la corrupción que tanto daño le hizo al país”.
Mientras la oposición sueña con regresar al pasado de saqueo, la 4T fortalece la hacienda pública con un modelo sencillo pero efectivo: honestidad, justicia fiscal y combate a la evasión.